de la crispación relativa al guiñol absoluto
algún genio acuñó en los 90 el término crispación para definir el bochornoso y asfixiante estado de cosas en la política y los medios españoles de principios de los 90. aquellos tiempos pasaron, pero quienes alcanzaron el poder entonces perpetuaron durante 8 años ese clima, ese ambiente irrespirable. basura en la prensa para ociosos, mucho resentimiento a veces injustificado, lenguaje por los suelos, insultos, malas caras, echar la culpa siempre a los demás, demasiado sentimentalismo, polarización resultante y tal y tal y tal. pero incluso el líder que representaba todo aquello se ha marchado ya (un buen presidente tan extravagante que su peor defecto fue la antipatía). entonces, ¿por qué persiste ese clima que ayer Marín llamaba "de trincheras"?
ahora la culpa es ya de todos. no ya de quienes han convertido el parlamento en un lugar dialécticamente inhóspito sino también de los mejores periódicos, ahora degradados, de todos los que hemos perdido empatía y capacidad de comprensión y andamos por la calle militando, de quienes leen sólo para que se les de la razón (vicio común entre los intelectuales, que tienden a leer lo que refuerza sus posturas y no contraargumentos que sería lo higiénico), de quienes han preferido la broma todo el rato (guiñones e imitaciones pero apenas debate) y ahora descubren que la política se ha guiñolizado, que confundimos la realidad con la parodia y por eso nos hemos perdido el respeto, del mismo modo que algunos políticos confundieron, ya se sabe, al adversario con el enemigo.
sólo se equivoca Marín en una cosa: aquí no hay ni siquiera 2 trincheras, aquí todo es guiñol.
ahora la culpa es ya de todos. no ya de quienes han convertido el parlamento en un lugar dialécticamente inhóspito sino también de los mejores periódicos, ahora degradados, de todos los que hemos perdido empatía y capacidad de comprensión y andamos por la calle militando, de quienes leen sólo para que se les de la razón (vicio común entre los intelectuales, que tienden a leer lo que refuerza sus posturas y no contraargumentos que sería lo higiénico), de quienes han preferido la broma todo el rato (guiñones e imitaciones pero apenas debate) y ahora descubren que la política se ha guiñolizado, que confundimos la realidad con la parodia y por eso nos hemos perdido el respeto, del mismo modo que algunos políticos confundieron, ya se sabe, al adversario con el enemigo.
sólo se equivoca Marín en una cosa: aquí no hay ni siquiera 2 trincheras, aquí todo es guiñol.
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