carod rovira, AE
El diario El País trató ayer con suma discreción la llamada de Carod Rovira al boicoteo de la candidatura madrileña a los Juegos Olímpicos. Hoy hace lo mismo (en la edición española) con la muy numerosa manifestación anticatalana (Puta Cataluña!, se gritó, entre otras frases más concretas) que recorrió ayer el centro de Valencia. El titular del pequeño sumario de la portada de ayer suponía un esfuerzo voluntarista puramente emocionante: Maragall apoya los JJ.OO de Madrid 2012, que Carod rechaza. Sin duda, un hermoso titular para llenar el horario infantil. Si se les preguntara a los directivos de El País por qué hacen eso es probable que respondiesen: Por responsabilidad. Yo les creería. Era muy difícil superar los niveles de desprestigio, rechazo e indiferencia de Cataluña en España que habían provocado dos décadas de pujolismo. Pero en un año el gobierno Maragall ha pulverizado todas las marcas. El enfrentamiento, además, ya no se produce entre Cataluña y Madrid. Lo peor de la llamada de ese ínfimo político Carod es que se dirige contra Madrid. El pueblo. No la sinécodque del Estado. Jamás había ocurrido. En cuanto a Valencia no es la primera vez que el anticatalanismo se exhibe vociferante. Pero generalmente había tenido un matiz de lucha interna: los gritos anticatalanistas eran también una forma de gritar contra otros valencianos. Ese importante matiz ha desaparecido y el enfrentamiento territorial (agravado por una serie de circunstancias: trasvase del Ebro, Eurorregión mediterránea) se muestra desnudamente. Sometido a la superstición de que mentar el mal contribuye a diseminarlo, El País somete a un llamativo blanqueo sus páginas. La operación puede provocar innumerables reflexiones. Pero me puede la melancólica. Esa ilusión de centralidad del gran periódico. Los tiempos en que la noticia dependía de El País y no a la inversa. Cercado por otros periódicos, por radios, televisiones y blogs, el esfuerzo moral de El País obtiene lo contrario de lo que pretende. Less is more.
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